Medicina de exportación: ¿Esclavitud del siglo XXI?

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…Iván Cevallos Miranda

“Bienaventurados los amnésicos, porque el pasado es dolor”, dice Éric Faye (La intrusa; Salamandra, 2013) y me viene a la memoria un escenario ya conocido. Hace 43 años se iniciaba la “Operación Carlota” en Angola, trayendo consigo un contingente de soldados cubanos con sus respectivas brigadas médicas. Tras la liberación angolana, la misión cubana permaneció en ese territorio con el membrete de colaboración, pero a un costo enorme que se resolvía por la transacción de médicos a cambio de petróleo. Este hecho ilustra una conducta de Estado que resulta evidente: los médicos fueron siempre un insumo de intercambio para sostener el populismo revolucionario de la isla y le da la razón a la cita de Faye, pues los cuasi revolucionarios ecuatorianos -ilusos unos, dogmáticos otros, adocenados muchos, pillastres los más- nunca entendieron que abrir las puertas a las misiones de salud cubanas no era otra cosa que ratificar la oprobiosa exportación de médicos “al detal”, en un acto reñido con los derechos humanos.

En el “Protocolo Para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas”, la ONU define este delito como “…la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza, al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”. La definición, que calza como anillo al dedo en el proceder del gobierno cubano, violenta -entre otros- el derecho humano al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias, pues el Estado, de una manera inmoral y delictiva, se apodera de la personería del individuo y lucra de él, convirtiéndolo en un esclavo del siglo XXI al que eufemísticamente se le pone el membrete de “hombre nuevo”, mientras en la práctica se lo reduce a ser parte de la servidumbre de una tiranía. Y a pesar de eso, otros Estados, incluyendo el ecuatoriano, con una torpeza imperdonable, se sumaron a tan bárbaro tratamiento.

La decisión tomada por el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, con respecto a los profesionales cubanos contratados en ese país, colocó sobre el tapete la situación infame que les ha tocado vivir a estos colegas. Pero mucho más grave resulta la complicidad. Hoy sabemos que Brasil pago a la Organización Panamericana de la Salud, la intermediaria de la transacción, 1375 millones de dólares por los servicios de los profesionales cubanos; la OPS le canceló al gobierno de Cuba 1300 millones; Cuba repartió entre todos los cooperantes apenas 125 millones (9.6%). Es decir, en un negocio que reúne todas las características de la trata de personas, el Estado Cubano obtuvo un beneficio de 1175 millones de dólares alquilando a sus profesionales. Y la OPS se quedó con 75 millones “por hacer el lobby”. Surrealismo puro.

Ecuador no va a la saga. El Ministerio de Salud Pública inició un proceso con el mismo molde de lo hecho en Argelia en los 60, en Angola en los 70, en Venezuela, Nicaragua y Brasil en los días del “socialismo del siglo XXI”. En octubre de 2012 el ministro subrogante Miguel Malo dio el paso para iniciar este trueque de personas por dinero. Para la contratación de 13 médicos cubanos durante 3 meses se destinó 129.779 dólares que debían pagarse, no a los profesionales, sino a la Empresa de Servicios Médicos Cubanos, estructura estatal encargada de la trata de personas y de la recuperación del lucro. El monto destinado significaba que por cada profesional se pagaría 3.148 dólares (muy por encima de lo que gana un médico ecuatoriano del más alto escalafón); sin embargo, lo que recibía el servidor llegaba a tan solo 800 dólares, es decir, apenas algo más del 25%. Por cierto, se prohíbe el trabajo por fuera del sector público. A más de este sistemático y perfeccionado sistema de esclavitud moderna, el referido convenio contiene una cláusula vergonzosa: el Estado Ecuatoriano corre con todos los gastos administrativos derivados del trámite de depósito del dinero en Alemania, su conversión a euros y la transferencia a Cuba, garantizando así la entrega total del monto acordado entre Ecuador y ese país. Negocio redondo.

Hasta febrero de 2018 se registró la presencia de 3464 colegas cubanos laborando en Ecuador. Muchos de ellos, en el sector privado. Existe una práctica desleal en tanto se han convertido en “mano de obra barata” de la que se aprovechan organizaciones de dudosa consistencia ética, pero, sobre todo, asistimos a una coparticipación del sector público en un acto inmoral e ilícito que sólo puede resolverse pagando directamente a los profesionales lo que la ley establece. Desde luego, para el efecto es indispensable que dichos ciudadanos cumplan con las mismas exigencias que la normativa impone a los ecuatorianos para poder ejercer la Medicina. Esa es otra historia, auspiciada por el silencio de la dirigencia gremial.

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