Qué triste final Lenin, terminaste muy enlodado, agonizas políticamente como tu movimiento, y no importa que esa dolorosa agonía dure meses o años, igual agonizas

Carta a Lenín Moreno

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Escribo desde la depresión, más que por mí o por los de mi generación, por mis hijos y mis nietos, por los hijos y los nietos de los amigos y los hermanos.

Lo más grave no es el atraco a los fondos del Estado, eso, todos los burgueses lo han hecho a su turno y, quienes están hoy en el poder no podían ser diferentes. Ni siquiera lo más grave son los muertos y demás víctimas del régimen. Lo terrible es el legado que dejan a las jóvenes generaciones, creerán que la política, y peor aún, el ser “revolucionario”, es sinónimo de saqueo, abuso e impudicia.

Me atrevo a tratarte de tú, Lenin Moreno, porque hay rumores de que fuiste algún momento socialista, y otros aseguran que fuiste mirista. Yo no te conocí en esas lides, y en buena hora. Si alguna vez estuviste en el MIR, seguramente fue en la fracción oportunista que hoy aúpa el esperpento de “revolución ciudadana”, por ello seguramente no supe de ti, personalmente. Pero aun así, y justamente por el supuesto de que hayas tenido tal efímera o larga militancia, me convoca a tratarte de tú, con Correa y otros miembros de la cúpula verde flex, jamás se me ocurriría.

No me conoces tú Lenin y yo tampoco te conozco, a no ser como personaje público. La única vez que estuve cerca de ti, aclaro que físicamente porque ideológicamente nunca, fue cuando aquel domingo de mayo del 2011 (día mundial sin tabaco) conjuntamente con colegas de instituciones públicas, organizaciones sociales o simples ciudadanos que conformábamos el Comité Interinstitucional de Lucha Antitabáquica (una causa relevante de la salud colectiva, que confronta a una industria depredadora), en una enorme concentración juvenil que llenó la plaza de San Francisco, te declaramos “el personaje del año”.

Hace unos días, entre la primera y la segunda vuelta presidencial, escribí una nota para el portal “La Línea de Fuego”, que la titulé “el correísmo está herido de muerte”. Me ratifico en tal aseveración, no sólo creo que está herido de muerte, hoy más que nunca lo está, sino que sus heridas están putrefactas, apestan.

Hoy en la mañana oí una entrevista en una conocida y respetada radiodifusora de la capital, el entrevistado era un querido amigo y camarada de la juventud, fuimos parte de la misma célula del MIR. Me dio profunda pena oírle justificar el descarado fraude con subterfugios sociológicos, seudo legales y matemáticos. Preferí no seguir oyéndolo, porque quiero seguir sintiendo algo de respeto por él, si eso es posible, a diferencia de otros antiguos compañeros que no lo merecen.

Cuando habías culminado tu período en la vicepresidencia de la república, Lenin, y declaraste que te retirabas de la política, por causas justas, tu familia y tu propia salud, muchos, creo que la mayoría de ecuatorianos, te respetábamos y admirábamos por tu decisión y por tu labor a favor de las personas con discapacidad, pensamos que quedarías como un personaje ejemplar, referente para la sociedad, para los más jóvenes.

Más tarde, cuando te tentaban desde varios espacios, no sólo desde el correísmo, para que asumieras una posible candidatura a la presidencia, y a pesar de que sabemos que no tienes las dotes como para un estadista, creían que tú figura podría contribuir a una conciliación nacional, a una unidad nacional tan vilipendiada, un equipo técnico-político de concertación podría hacer el resto. Aunque confieso que yo no tenía esa ilusión, en todo caso, en esa ocasión perdiste otra gran oportunidad.

No sabíamos en ese entonces que desde tu dudosa representación no oficial en Ginebra, habías solicitado millonarios recursos públicos para tu mantención y la de tu equipo, no sabíamos que habías hecho contratar a tu hija como parte de ese equipo sin que hubiera mérito ni limpidez para ello. Lo lógico era que si cumplías la misión de enviado especial de Naciones Unidas, fuera esa organización la que cubriera tus gastos y facilitará el apoyo correspondiente. Pero no, lo hicieron ilegalmente con dineros públicos ecuatorianos. Desde allí vino ya la primera decepción de muchos, decepción que se amplió cuando decidiste aceptar la candidatura representando al mismo movimiento que ha gobernado el país en los últimos diez años, con enormes cuestionamientos desde casi todos los frentes sociales.

Pero la decepción no calmó allí, siguió creciendo cuando te dejaste imponer un candidato a la vicepresidencia, sobre el cual pesan muchas dudas de corrupción y que políticamente representa todo lo contrario de tu supuesta militancia juvenil de izquierda. Y creció aún más cuando no tuviste ninguna vergüenza de prestarte a una campaña absurda, financiada y sostenida con funcionarios y recursos públicos, con dinero nuestro, del pueblo, permitiste un Estado candidato del cual tú eras sólo un accesorio.

Pero finalmente, tu arrogancia y cinismo, la tarde y noche de la segunda vuelta, el 2 de abril de 2017, así como en los días posteriores, terminaron desmoronando lo poco que quedaba de respetable en tu imagen. Terminaste pareciéndote mucho a Rafael Correa. Ya no quieres que te llamen señor, sino “su majestad”.

Y no me vengas a decir que la mitad de los ecuatorianos te apoyan, como repiten insistentemente algunos periodistas sin medir sus palabras, porque no es cierto. El voto del correísmo, duro y blando, que te endosaron a ti, fue el que obtuviste con tu binomio en primera vuelta: 3’716.343 votos, que equivalen al 29% del padrón electoral, es decir menos de la tercera parte de votantes.

Lo de la segunda vuelta es otro cuento, ni tú, ni Lasso (con el cual siento una abismal distancia política e ideológica), pueden decir que les respalda la mitad del país, porque cada uno de ustedes sumaron solo los votos de rechazo al contrario y no precisamente una simpatía hacia tu persona o tu movimiento político.

Qué triste final Lenin, terminaste muy enlodado, agonizas políticamente como tu movimiento, y no importa que esa dolorosa agonía dure meses o años, igual agonizas. Hubiera deseado mejor suerte para ti, pero sólo te recordaremos como finalmente te mostraste.

Lo malo es que, en este drama de bufones, no quedan sonrisas, queda en el fondo una gran tristeza. Haz contribuido Lenin a la destrucción de la unidad de nuestras organizaciones, de nuestras familias, del pueblo ecuatoriano.

¡Adiós Lenin!
..Hugo Noboa Cruz

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